Derivado de la participación en la convocatoria para el encuentro de la Asociación de Escritores de México A. C. tuvo lugar el quinto Dossier; encuentros colaborativos, en el que se trabajó desde la literatura y algunas de las problemáticas propias de su campo. De este modo, se realizó una encuesta entre diversos escritores, pensando en las políticas de inclusión y exclusión que operan en la institución literaria. Gracias a la gestión de la Asociación, fue posible plantear una serie de mesas críticas y presentaciones de libros afines con este tema, en el Foro Enrique Verástegui de la XVIII Feria Internacional del Libro en el Zócalo 2018. Se trató de un breve ciclo que estuvo compuesto por tres mesas redondas y tres presentaciones de libros de editoriales invitadas, afines con el proyecto Dossier. Se generó así el ciclo #LITERATURA E INTERVENCIÓN CULTURAL. La primera mesa llevó por nombre ‘La construcción del campo literario y la fabricación de la trascendencia’, tomando como punto de partida un quehacer formativo en quienes se dedican a la práctica literaria, que corresponde a la conceptualización del campo y sus representaciones sociales. La pregunta de base partió de una duda común que plantea las disyuntiva acerca de si un escritor nace con ciertas capacidades para ejercer el oficio, o se hace mediante una práctica constante y el aprendizaje de técnicas específicas. Si la respuesta más cercana es que se trata de la construcción de una figura pública respecto a una actividad determinada por su quehacer, ¿de qué manera esto se lleva a cabo? Los invitados Jonathan Minila, Jorge Pérez Escamilla y Joaquín Perez-Tejada desarrollaron el tema a partir de sus propias prácticas y de lo que ha implicado para ellos no solo el acto escritural, sino su adaptación a las exigencias de un imaginario colectivo que incrementa o disminuye la importancia de tal actividad, según una serie de criterios arraigados en la tradición, así como a los acontecimientos políticos del presente.


La siguiente mesa llevó por nombre ‘Banalidad y el enfrentamiento de los géneros literarios’, criticando la idea de que la pelea por prevalecer en el campo de la literatura se hace muchas veces de confrontaciones banales. Algunas de ellas divertidas —al menos—, y otras no del todo. Una posible es la que enfrenta a quienes se desenvuelven en uno u otro género, agrupándolos por afinidad estilística (por ejemplo: poetas vs. narradores, novelistas vs. cuentistas, etc). Y es que esto quizá impida revisar la naturaleza histórica de sus fronteras, en cómo se construyeron y la función que poseen (o no) hoy día. Participaron como invitados Gabriela Fonseca, Natalia Padilla y Cuauhtémoc Camilo, quienes hablaron de la banalidad en la literatura y de la construcción histórica de los géneros.


La última mesa de discusión, ‘Poesía y simulación; el fetiche de la tradición’, se pensó desde la producción poética que se ciñe muchas veces a delimitaciones concebidas desde tendencias conservadoras. Siendo que se trata de uno de los géneros más populares, que permitiría la inclusión de nuevas subjetividades, la tradición del quehacer poético —que depende muchas veces de genealogías de allegados, estratificación estilística, academicismo, etc.— es asumida más como un fetiche, y menos como una necesidad crítica de los contextos públicos en los que se hace posible su representación. Participaron en ella Javier Moro Hernández, Pedro Hesiquio y Ernesto Reyes, quienes hablaron de distintos contextos en los que la producción poética ha rebasado las expectativas del consumo convencional, para generar lazos con otros campos artísticos y neo-mediales que distan de un uso predeterminado y normado.


Asimismo se realizaron las presentaciones de los libros: ‘Se visten niños Dios’ de Ernesto Reyes, publicado por Ediciones Periféricas; ‘Los condenados de la tierra’ de Frantz Fanon, edición publicada por Palapa editorial, El Rebozo y Ediciones Alrevés; y ‘Paraíso en la tierra’ de Luis Backer, publicado por Librosampleados. Todas ellas son editoriales que asumen la edición desde una cierta disidencia, apuntando su mirada hacia literaturas críticas que hacen parte del campo en la medida de un cuestionamiento sobre sus propios medios. Significativa es, por ejemplo, la presentación de la reedición de los textos de Fanon, cuyo discurso confrontativo denota una falla epistemológica en la concepción de la cultura blanca —empleando la mismas palabras del autor—. Esto se cruza con el desarrollo de las literaturas nacionales, que son los pilares discursivos de la hegemonía del Estado. Por ello, discurrir sobre estos temas, es acercarse a los fundamentos ideológicos de los lugares políticos que habitamos.


Como complemento al encuentro, se realizaron dossieres de distintas publicaciones encuadernadas, que se regalaron a los presentes en las distintas actividades.

Comentario crítico.- El campo literario posee un orden regulado por los aparatos de una tradición que si bien suele ser diversa y hasta cierto punto abierta en la cantidad de propuestas posibles a considerar como componentes de la disciplina, continúa cerrada a ciertas nociones que a pesar de complementarle, dejan de ser concebidas como  parte del medio cuando ponen en cuestión las organicidad del sistema de intercambio literario. Por supuesto, los diferentes discursos que las naciones articulan según los aparatos culturales que obedecen a prerrogativas específicas de espacio y a los imaginarios subjetivos que la experiencia al habitarlos generan, así como unas ciertas concepciones sociales, hacen que los procesos que hacen avanzar a los campos artísticos sean lentos, y muchas veces rechacen formas novedosas. Sin embargo, es menester que los integrantes de un campo como el de la literatura conversen acerca no solo de temas concernientes a los tecnicismos del oficio, sino a cómo éste es regulado por condicionantes diversas que no solo tienen qué ver con el quehacer específico, sino con las condiciones de acomodo y las concepciones sociales en las que su moralidad se sostiene.


Quizá por ello la inclusión de este tipo de temas en una feria del libro pueda resultar hasta cierto punto chocante, pues de principio pone en cuestión el espíritu de hiper-producción discursiva que normaliza una serie de actos que, si bien son necesarios para la promoción de la lectura y la escritura entre una población, muchas veces se lleva a cabo de manera acrítica y por mero reflejo de los hábitos conocidos. Por eso resultan necesarios, en tanto se trata de actos que subvierten la normalidad de tales encuentros y que, sin negarlos frontalmente, los redimensionan de manera inclusiva. Y es que en la serie de mesas planteadas en #LITERATURA E INTERVENCIÓN CRÍTICA, no se pretendía tampoco generar discusiones académicas, sino momentos de congregación que justamente fueran lo más abiertos posible, de manera que el público consumidor de libros pudiera complementar su criterio respecto a la trascendencia de los fenómenos literarios, en los que se fetichizan los libros tanto desde el punto de vista del mercado, como del consumo discursivo del Estado.


Es por ello una pena que, tratándose de un encuentro que podría tener repercusión en los modos en los que se concibe no solo el oficio literario, sino el de la misma edición y publicación de libros, haya tenido por parte de la organización de la feria poca difusión. Y es que en realidad, si se observa la saturación de actividades, es claro que la intención de tales eventos no pasa muchas veces por una planificación estratégica que desee comunicar un mensaje más allá del de la mera diversidad, que si bien es deseable, no basta para generar aquello que en verdad se requiere para formar lectores, que es la congregación y la elaboración colectiva —y no solo individual—, de criterios que reformulen miradas y posibles soluciones a problemáticas del presente.

Proyecto apoyado por el Fondo Nacional Para la Cultura y las Artes